Caras Norte de Ordesa

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Travesía Salvaje Entre las caras norte de ordesa

Cuántas veces pensamos, erróneamente, que la aventura, la soledad y la belleza más absoluta solo pueden encontrarse en montañas lejanas, casi exóticas: no me cansaré nunca de repetir que el Parque Nacional de Ordesa, fuera de temporada, es uno de los lugares más increíbles con los que cualquier montañero o alpinista puede soñar y, aunque esto ya va a gusto del consumidor, en mi humilde opinión también es uno de los más reales; nada que ver con el tinglado de remontes y teleféricos de otros lugares como Alpes. El de Ordesa es un alpinismo Pirenaico tan romántico como recio y eso no hay funicular que lo supere.

Soledad, caras norte y noches en vivac: relato de tres días de travesía por ordesa.

En esta ocasión había quedado con Carles, un cliente ya reconvertido en amigo al que conocí en una ascensión al Aneto en el que iba a ser mi día libre aquella semana de hace, por lo menos, cuatro veranos. Insistió tanto que le dije que si se veía capaz de hacerlo a buen ritmo -el suficiente para llegar a buena hora a casa para poder descansar algo en mi día libre- podíamos coronar el techo del Pirineo.

Se lo tomó tan en serio que, al volver a la Besurta, todavía tuvimos que esperar a que abrieran poder para reponer fuerzas después de una jornada con cumbre que se extendió durante, aproximadamet 5 horas en total. Pero es que, además, Carles es el típico cliente que cualquier guía definiría como perfecto, sin tener esto nada que ver con sus habilidades en la montaña -que las tiene- sino con su motivación y el buen ambiente que se crea en las actividades que compartimos. Así que, después de aquella aventura en el Aneto, han venido unas cuantas más, incluyendo las dos actividades que hicimos juntos, la pasada temporada, en el Valle de Benasque; tres días de escalada en hielo y estos tres días mágicos por Ordesa, que propuse a Carles cuando me contactó para pedirme una actividad que le sirviera como preparación para su futura subida al Alpamayo.

Día 1. Cara Norte del Taillón desde Bujaruelo.

La Norte del Taillón es una de las caras norte de ordesa más interesantes, también una de las actividades de alpinismo de un nivel considerable que se pueden realizar en el Pirineo: una rampa de nieve casi infinita que escalamos con el material necesario para pasar tres días vivaqueando, lo cual aumentó la exigencia física de una jornada que, ya de por sí, exigía salvar más de dos mil metros de desnivel desde el refugio de Bujaruelo, que había sido nuestro punto de partida, aquella mañana.

Para continuar la travesía que, al día siguiente, nos llevaría a cruzar Ordesa, bajamos a dormir a la  impresionante Brecha de Roland, lugar mágico donde los haya. Además, al ser primavera, el deshielo de las cumbres hacía que el agua corriera a sus anchas por cada una de las paredes que nos rodeaban. Contemplar esa estampa salvaje en total soledad desde el vivac en el que comenzamos a cenar justo cuando los últimos rayos del sol iluminaban las cumbres nevadas, fue una de las postales de esta aventura que, tanto Carles como yo, guardaremos durante mucho tiempo. Puedes entender por qué, aquí.

“Recuerdo mucho el vivac en la Brecha; dormir allí es como un orgasmo. Te despiertas y estás ahí, tú solo con el mundo, con toda esa inmensidad. Aunque hacía un frío increíble por la mañana, recuerdo no sentir frío dentro de mí, solo una felicidad inmensa que lo invadía todo; ¡y eso que no dormí nada!”

Carles Barceló

Puedes revivir este momento en el siguiente enlace. ¿Cuál es vuestra opinión? ¿Creéis que Carles está exagerando?

Día 2 – caras norte de ordesa

Brecha de Roland – Refugio de Tucarroya

Aunque este segundo día no teníamos por delante ninguna actividad técnica, el paseo que nos dimos para cruzar Ordesa desde la Brecha hasta el peculiar refugio de Tucarroya, fue memorable ¡y largo!.

Desde la Brecha, subimos a la Torre de Marboré, desde donde cogimos una faja para ir a buscar el collado del Cilindro. Desde allí, bajamos hasta Tucarroya, pasando por el precioso lago de Marboré.

Como digo, la vuelta fue considerable. Y aunque ya habíamos vaciado las mochilas de el par de liofilizados que habíamos utilizado para cenar y desayunar, seguíamos porteando todo el material de vivac, cuerdas y demás cacharros.

A todo esto se sumó que, aunque vivaquear sea uno de los puntos fuertes de cualquier salida a la montaña, la realidad es que el descanso nunca está, digamos, tan garantizado como en la cama de casa: Carles se había levantado cansado, después de una de esas noches en las que la montaña, la adrenalina o lo extraño del lugar, no te dejan apenas dormir. Cuando ya casi teníamos el día vencido, tuvimos que hacer una parada técnica en Marboré, antes de acometer la subida final hasta Tucarroya, para echarle al cuerpo la gasolina que había empezado a necesitar bastante rato antes.

Conclusión: muchas veces en la montaña y, especialmente los días en los que el cansancio es más acusado, hay que tener presente que nuestro cuerpo puede necesitar un aporte extra de energía para no llegar a una extenuación que, como poco, pueda dar al traste con el resto de la actividad. En este caso y por suerte, estuvimos rápidos y un liofilizado a la orilla de uno de los lagos glaciares más bonitos del Pirineo, hizo su magia.

Día 3. caras norte de ordesa

Cara Norte del Monte Perdido

Nos despertamos temprano para acometer el que sería el plato fuerte de la travesía: la ascensión al Monte Perdido por su cara Norte en un día soleado y absoluta soledad. De hecho, no nos cruzamos a ninguna otra persona en los tres días que tuvimos Ordesa para nosotros solos.

La noche en Tucarroya fue buena, aunque Carles andaba un poco preocupado por el bajón energético del día anterior y no llegó a descansar del todo bien. A pesar de ello, amaneció ultra-motivado para escalar hasta el Perdido, así que fuimos haciendo paradas estratégicas en las que echar algo al estómago y conseguimos hacer cumbre a buena hora, y sin ningún contratiempo.

Bajamos hasta el refugio de Góriz, donde como siempre que me encuentro con mi gran amigo Joan Maria o cualquiera de los otros guardas, nos sentimos como en casa ¡o mejor!. Tanto es así que, decidimos revelarnos contra el último vivac del programa y cenar, desayunar y dormir como reyes en el refugio. Desde luego, Carles se lo había ganado con creces, después de tres días de una travesía tan salvaje que, a veces, me sigo preguntando si es consciente de lo que hizo esos días en Ordesa.

El cuarto día ya solo nos quedaba bajar de Góriz hasta la Pradera de Ordesa y disfrutar de esa sensación que te invade el cuerpo después de saber que has completado uno de los hitos montañeros de tu vida.

Cara norte del Taillon

Los recuerdos de Carles:

Unos cuantos meses después de esta gran aventura, me pongo en contacto con Carles para preguntarle sobre ella y que pueda dar una visión que jamás hay que pasar por alto: la de la persona que confía en el guía de montaña para alcanzar sus sueños montañeros.

Lo primero que hace es decirme que lo que más agradece, siempre, de nuestros encuentros es encontrarse en un equilibrio perfecto entre saberse dándolo absolutamente todo y sentirse, en todo momento, cuidado y controlado. Me habla de las veces que le digo dónde poner un pie, una mano, un piolet…y también de todas aquellas en las que intento corregirle para que pueda mejorar en cada actividad.

“Tengo pensado hacer el Alpamayo el año que viene, aprovechando que me jubilo, así que te transmití mi sueño de hacer una actividad invernal con vivac y me propusiste esta travesía por Ordesa, que no veía el momento de que llegara…hasta que, por fin, me llamaste diciendo que había una ventana de buen tiempo”.

Cuando le pregunto qué recuerda como lo mejor y lo peor de aquellos días, vuelve a mencionar aquel momento: “Lo mejor dormir en la Brecha, despertar y que me dijeras: Disfruta del espectáculo porque es para ti, todo esto”. “Porque, a ver, escalar el Perdido o el Taillón, por supuesto que es chulo, es intenso, es genial que me vayas corrigiendo y guiando, pero la sensación esa de estar allí es que es otra cosa. Repetiré, seguro”.

Ya he contado antes que Carles es un cliente perfecto, tanto que termina diciéndome que lo peor de aquellos días fue, sin duda, llegar a la Pradera de Ordesa y sentir que habían llegado a su fin. Pronto organizamos otra, Carles. ¡Gracias!

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Josep Esteve Roger
Guía de Alta Montaña UIAGMContactar

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