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Crónica de tres días de alpinismo invernal en Ordesa

Relato de tres días de alpinismo invernal en Ordesa haciendo cumbre en Monte Perdido, Cilindro de Marboré y Taillón.


  • Fechas: Puente de la Inmaculada, 2022.
  • Condiciones: Meteorología cambiante y mucha nieve acumulada.
  • Alpinistas: Félix, Javier y Ángel.
  • Guía: Josep.

Logística previa; la tecnología ayuda pero el valor humano es vital.

Tal como habíamos acordado por el grupo de WhatsApp los días anteriores, Javier, por un lado, y Félix y Ángel, por otro, enviaron sendos mensajes al grupo, avisando de que comenzaban su aproximación hasta el refugio de Góriz, donde yo me encontraría con ellos la tarde del 4 de diciembre, un día antes de comenzar esta bonita actividad de alpinismo en Ordesa, que nos llevaría a coronar tres míticos tresmiles del Parque Nacional.

Dada la nula dificultad técnica de la ruta y las sobradas capacidades de los tres, decidimos que la aproximación hasta el refugio de Góriz la harían de manera autónoma, pero que tanto los guardas del refugio de Góriz, Joan Maria y Dani, como yo, estaríamos en todo momento pendientes de ellos.

Además del aviso de salida, Ángel llevaba un GPS satélite desde donde yo pude seguir su localización en tiempo real. Desde luego, una buena inversión para cualquier persona que quiera adentrarse en el mundo de la alta montaña.

Hacía un rato que el grupo se había ido a dormir y coger fuerzas para lo que nos esperaba los próximos días, cuando llegué al refugio, pasadas las 10 de la noche, directo de un curso de alpinismo en el Valle de Benasque que se alargó un poco más de lo previsto.

La montaña, a menudo, tiene estas cosas, y siempre hay que tener a mano una buena frontal y un par de buenos amigos en los que poder confiar a ciegas.

Dani y Joan Maria, guardas del refugio de Góriz durante la temporada invernal, grandes alpinistas y mejores amigos desde hace muchos, muchos años, me recibieron con la misma calidez con la que, unas horas antes, habían recibido al grupo, al que también tuvieron la amabilidad de trasladar mis indicaciones para el día siguiente.

¡A las seis, arriba!

Día 1: Monte Perdido invernal por la ruta normal.

Monte Perdido Invernal entre borrascas y mucha motivación

Era todavía de noche cuando finalmente, Ángel, Félix, Javier y yo nos reunimos alrededor de una de las mesas de madera del comedor de Góriz.

Mientras desayunábamos, les expliqué cuál iba a ser la planificación de los días siguientes, una vez vistos el último parte meteorológico y las condiciones de la montaña. Repartí el material de seguridad ante avalanchas; A.R.V.A., pala y sonda, fundamentales en cualquier actividad en alta montaña invernal, y repasamos su funcionamiento y protocolo de uso, y terminamos de detallar la actividad del día; la ascensión al Perdido por la Normal, ¡con un poco más de nieve de lo normal!

Echamos a andar sobre 8 de la mañana, tras el pequeño y típico retraso que suele ocurrir el primer día de actividad; ¡la preparación y la seguridad mandan siempre!

El día había amanecido claro y el sol nos acompañó hasta pasado el Lago Helado, pero podíamos ver que, a partir de la Escupidera, la cosa tenía pinta de ir a ponerse un poco más recia. Alta montaña en todo su esplendor.

De hecho, fue en este punto donde, ante la bajada de la visibilidad y un viento que arreciaba por momentos, todos los montañeros que intentaban hacer cumbre aquel día, excepto una pareja de Euskadi que decidió seguirnos y pasó a formar parte del grupo, se dieron la vuelta, muy prudentemente.

Ninguno de ellos iba en actividad guiada y, cuando no estás seguro de poder enfrentarte a lo que sea que la montaña esté guardando para ti allí arriba, lo mejor es volver a casa (o al refugio) y pensar lo que es obvio: la montaña seguirá allí mañana.

Al ritmo tranquilo que suele marcar el primer día de ruta, hicimos cumbre en Monte Perdido pasado el mediodía y la borrasca tuvo la decencia de dejarnos contemplar, durante unos minutos, los increíbles pliegues del Cilindro de Marboré, nuestro objetivo del día siguiente.

Regresamos al refugio, satisfechos de haber podido cumplir nuestro primer objetivo, comentamos las sensaciones del día y repasamos la jornada siguiente alrededor de una suculenta cena, antes de irnos a descansar.

Día 2: Subida al cilindro de Marboré y un mar de nubes de regalo.

Cilindro de Marboré Invernal
Diferentes momentos de la ascensión al Cilindro

Félix había sufrido un poco más de lo previsto el día anterior; las botas le habían hecho polvo los pies y se sentía mucho más cansado de lo que en él era habitual.

Contra la montaña no se puede ni se debe luchar jamás en inferioridad de condiciones, así que nos sentamos juntos y decidimos que lo mejor y más seguro era que se quedara recuperándose en el refugio.

Ángel, Javier y yo salimos del refugio a primera hora, en busca de esta mítica cumbre de Ordesa, en medio de una nevada que, según la previsión meteorológica, cesaría en unas horas.

Todo lo incómodo que resulta echar a andar entre frío y copos de nieve, suele verse recompensado con uno de los mayores regalos que puede hacernos la montaña: la ansiada soledad elegida en medio de una inmensidad también elegida.

La mayor dificultad técnica de la ascensión al Cilindro de Marboré la marca una pequeña trepada final de II grado y algo expuesta que, además de darle el toque de adrenalina a la cumbre, aquel día también marcó el momento en el que la borrasca desapareció, dando paso a unas vistas impresionantes de todo el macizo de Monte Perdido y a un mar de nubes infinito sobre toda la vertiente sur del Pirineo.

Un regalazo de las montañas que tuvimos la suerte de disfrutar en absoluta soledad.

Y, aunque la idea original era intentar alguna cumbre más, unos problemas de rodilla de Ángel nos hicieron decidir volver al refugio, más que satisfechos por el increíble día que habíamos pasado, haciendo cumbre en el Cilindro y el Pitón de Marboré.

¡Otro objetivo cumplido!

Día 3: Taillón invernal y todo Ordesa para nosotros solos.

Taillón invernal
Soledad ¡y hielo! en en Taillón

Ángel y su rodilla decidieron tomarse el día libre y disfrutar de la confortable paz del refugio de Góriz, así que, esta vez, Javier y yo partimos motivados hacia el oeste.

Encontramos una buena acumulación de nieve en los albores del la entrada al Pico Anónimo, así que pusimos en marcha el plan B (que perfectamente habría podido ser un más que idílico plan A) y nos dirigimos al Paso de los Sarrios para acercarnos hasta la mítica Brecha de Roland, desde donde comenzaríamos la ascensión al Taillón, de donde descendimos por la ruta normal invernal.

A partir del Paso de los Sarrios, tuvimos que abrir huella hasta la cumbre y, aunque fue físicamente exigente, el privilegio de sabernos los únicos en aquel rincón de Ordesa, le dio un punto especial a la actividad.

Además, Javier aguantó como un titán en este tercer día de actividad y disfrutó como un niño de esta última jornada larga, tranquila y satisfactoria a partes iguales.

Último día: 60cm de nieve en Góriz y algunas reflexiones.

Ordesa Invernal - Góriz
¡Las cenas en Góriz! Con Alberto, Dani y Joan Maria

El último día de actividad, que habíamos reservado para intentar la Torre y/o el Casco de Marboré, amanecimos con un parte que prometía (y cumplió) 60cm de nieve en el refugio de Góriz, lo cual imposibilitaba cualquier movimiento exitoso y prudente en aquellos lares.

Félix y Ángel habían bajado ya la tarde anterior y Javier y yo lo hicimos justo después de desayunar.

Sé, porque me lo han contado ellos mismos, que todas las variaciones e imprevistos con respecto al plan original no medraron ni un ápice la sensación de éxito de nuestra salida de alpinismo invernal en busca de los más míticos tresmiles de Ordesa.

Además, fuimos testigos de cómo, de las 10 o 12 personas que hubo en el refugio durante los días que fue nuestro campo base, nuestro grupo fue el único en cumplir con los objetivos fijados, y de cómo únicamente dos o tres personas más, a lo largo de los tres días, hicieron cumbre en el Perdido.

Este hecho nos permitió volver a casa con el regusto que deja el trabajo bien hecho; una buena preparación, un seguimiento y lectura exhaustivos de la previsión meteorológica y, sobre todo, la capacidad de conocer los propios límites y saber disfrutar al máximo de la montaña, hasta donde ésta nos diga “hasta aquí”.

Gracias a Ángel, Félix y Javier por la confianza y por una gestión ejemplar, tanto de la montaña como de sus propias capacidades y anhelos; ¡otras montañas nos esperan!

Gracias, también, a Dani y Joan Maria por hacerme la vida mucho más fácil y ponerlo todo a mi disposición siempre que nuestros caminos se cruzan allí arriba.

Y gracias a la montaña por permitirme compartir pasión y experiencias increíbles con personas con tanta calidad humana.

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