Cervino: MITO
A las montañas uno se acerca en busca de la vida y no de la muerte, aunque para quién jamás allá estado en una cumbre esto le cueste de entender. Y de las muchas montañas mágicas que existen en el mundo, ninguna como el Cervino para representar esa atracción, ese deseo irrefrenable de querer alcanzar su punto más alto e inaccesible.
Desde tiempos inmemoriales el ser humano se ha caracterizado por su natural instinto de supervivencia, pero a veces ese sentido tan natural se ha visto sobrepasado por otro mucho más irracional e ilógico, tan emotivo como puede ser el instinto de superación, el de ir mucho más allá de las necesidades primarias, la tentación de alcanzar eso tan remoto como innecesario, el deseo de subir hasta lo más alto y difícil cueste lo que cueste…
Y es en ese preciso momento, una vez cruzada la delgada, pero sutil línea imaginaria que diferencia lo imprescindible de lo prescindible, cuando uno ya no puede volver la vista atrás…

La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma.
Oscar Wilde
Cuando la belleza y la atracción de una montaña llaman a la puerta, no hay raciocinio que pueda detenerlas. Paradójicamente no hay nada más imprescindible en la vida que lo que nos hace vivir y sentirnos vivos, y el alpinismo es ese ente mágico que nos hace sentir momentos únicos.
Y no hay nada más innecesario para la vida rutinaria que alcanzar la cumbre de una montaña inhóspita e inaccesible
Tal es el magnetismo del Cervino, que no es necesario ser montañero o alpinista para sentirse atraído por sus encantos, tan sólo es necesario visitar Suiza para darse cuenta de su relevancia, presente en cada una de las casas, en cada una de las chocolatinas, en cada uno de los billetes de tren o en cada una de las postales… No hay mayor símbolo identitario en Suiza que esa pirámide perfecta, con cada una de sus cuatro caras orientada a un punto cardinal, la mítica pirámide de los Alpes encarna la cumbre europea por excelencia, la cual reclama nuestra atención desde el primer momento que la observamos.
¿Por qué escalar el Cervino?
En un pasado no muy remoto la humanidad ignoró esas solitarias cumbres durante muchos siglos, consideradas como peligrosas e inescalables, y tan solo algún cazador o pastor desorientado se acercó en tiempos pretéritos a ellas. Pero en el siglo XIV apareció en Europa el renacimiento, un resurgir de los ideales clásicos que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo, y por ende de las montañas.
Si hasta entonces habían sido mayoritariamente ignoradas, de repente tenían un protagonismo inesperado, al principio como centro de interés científico, pero con el devenir de los años y con el valor al alza del antropocentrismo, donde el ser humano debía ser el centro de la vida social y cultural, se empezaron a considerar como una necesidad ancestral, la de ser alcanzadas por el hombre, la de hollar su cumbres que hasta ese momento habían sido consideradas como inexpugnables.
Primeras cumbres escaladas
Aunque las cumbres más altas de los Alpes fueron las primeras en ser asediadas, recordemos la histórica primera ascensión al Mont Blanc en el año 1.786 por parte de Balmat y Paccard, todavía tendrían que pasar muchos años para que las más difíciles y escarpadas fueran alcanzadas. En concreto, en el caso del Cervino eso no sucedió hasta ocho décadas después. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando se empezó a considerar seriamente la posibilidad de hollar su cumbre, considerada hasta entonces como inalcanzable. Pero después de que en el año 1.855 sucumbiese la Punta Dufour 4.643, la cumbre más alta del macizo del Monte Rosa, los más osados empezaron a dirigir sus miradas y sus anhelos hacia el este, donde la montaña de las montañas aún restaba indómita.
Los primeros intentos que no alcanzaron ni tan siquiera la cota de los 4000 mts se produjeron desde el lado italiano, desde el pequeño pueblo de Breuil. Pero todos ellos fracasaron antes de llegar al principio de las dificultades y fueron llevados por osados montañeros sin experiencia en la vertical ni en las alturas, pues los guías de la región, tanto de la parte italiana como de la suiza refutaron acompañarlos por considerar tales empeños como suicidios anticipados.
Y llegamos al año 1.860 donde confluyen tres hombres que cambiarán el guion establecido hasta entonces: Edward Whymper, John Tyndall y Jean-Antoine Carrel.
Cervino: História – Protagonistas
Whymper

Whymper era un joven aristocrático inglés, con un gran dominio del dibujo, pero sin apenas experiencias en la montaña, que llegó a los Alpes con el encargo de ilustrar un libro con los paisajes más bonitos. Al poco de llegar descubrió Zermatt y el Cervino, y tuvo muy claro que quería ascender esa montaña considerada como imposible, costará lo que costase. Dada su ascendencia inglesa y su poder económico, no dudó un instante en dejarse formar por los guías alpinos y empezar a descubrir el alpinismo, primero en montañas menores y poco a poco, en ascensiones de mayor renombre.
Tanto es así que, con el devenir de los años y siempre acompañado por guías locales, logró alcanzar la cumbre virgen de montañas tan difíciles como la Dent Blanche en el año 1.862, la Barra dels Ecrins en el 1.864 o la magnífica Aiguille Verte en el 1.865, convirtiéndose con estas “primeras” en uno de los alpinistas de referencia de la época.
Eso sí, él quería más y su ambición tenía un claro objetivo, que no era otro que ser el primero en escalar el Cervino. Y su idea era ascenderlo por la arista Hornli, por el lado suizo, debido a su llamativa línea y a su belleza. Y lo intentó sin éxito hasta seis veces en el corto período de dos años. Pero su tenacidad aún no se daba por vencida…
Tyndall

Tyndall era un científico irlandés, veinte años mayor que Whymper, acostumbrado al clima y a las adversidades de la montaña, pues llevaba en ellas muchos años investigando. Y también, se propuso el mismo desafió, hollar el Cervino por primera vez.
Él también acometía las ascensiones siempre con guías locales, y entre sus logros hay que destacar la “primera” al Weisshorn en el año 1.861, una montaña muy escapada del macizo del Monte Rosa, como preparación para su objetivo final.
En su caso, todos los intentos los hizo desde Breuil, pues consideraba más segura la ruta al transitar por una arista con roca más compacta que por el lado suizo. En su mejor tentativa en el año 1.862 superó la primera mitad de la arista suroeste, conocida en la actualidad como la “cresta del leone”, y alcanzó un pico menor de 4.241 mts que lleva desde entonces su nombre. Desde allí se dieron la vuelta al contemplar que no tenían tiempo material para escalar los 250 metros siguientes de arista, más escarpada aún, que los separaban de la cumbre del Cervino..
Carrel

Carrel era un guía de montaña del Valtourneche, un pueblo muy cercano a Breuil, y por tanto el único que ni era aristócrata, ni extranjero. Antes de dedicarse a llevar a gente a la montaña, había sido soldado del ejército piamontés y cazador, con lo que estaba familiarizado con la muerte y la supervivencia, elementos claves en su formación como alpinista. Y claro, él nació y creció a los pies del Cervino, por lo que su atracción hacia esa cumbre estaba plenamente justificada.
Curiosamente no todos sus intentos se producirán por la vertiente italiana, sino que debido a sus necesidades económicas acompañara al propio Whymper en un par de intentos fallidos por la arista Hornli del lado Suizo. Pero si bien no llegaron a la cumbre, Carrel se percató que la gloria seria para Whymper y él se tendría que conformar con un papel secundario.
Tal fue su molestia porque una “especie de turista” se hiciese con el trono, que decidió ser reclutado por Felice Giordano, presidente del CAI (Club Alpino Italiano), que le garantizó los recursos para formar una expedición formada exclusivamente por italianos y poder romper con su cliente inglés.
Y ese fue un momento transgresor en la historia, ya que por primera vez un guía de montaña se plantea subir una montaña por sí mismo, no por imperativo de un cliente…
Cervino: História
De esta forma nos encontramos a principios del verano del 1.865 con tres equipos distintos intentado alcanzar la misma cumbre, desde dos aristas opuestas. El camino hacia la cumbre ya está abierto, ahora sólo falta saber quién lo alcanzará antes. La casualidad quiso que los dos equipos partieran de Breuil y Zermatt el mismo día, en una época donde no existían ni las previsiones de tiempo ni los teléfonos! El tercero en discordia, Tyndall se encontraba en el macizo del Monte Rosa esos días aclimatando para un inminente intento al Cervino, y no se percató de que la cuenta atrás hacia la cumbre ya estaba en marcha.
Whymper iba muy bien acompañado por Michel Croz, uno de los mejores guías de Chamonix junto con dos reputados guías suizos, los Taugwalder, padre e hijo. Al equipo se les unió el reverendo Hudson y dos jóvenes ingleses de 19 años, Hadow y Douglas, que se apuntaron a última hora. Ese primer día, 13 de julio vivaquearon cerca del actual refugio del Hornli, a 1.300 mts de la cumbre.
Por su parte, Carrel formó un equipo mucho más pequeño junto a dos guías del CAI, uno de los cuales era su tío Ame Gorret. Y ese mismo día llegaron al Col del Leone, donde también vivaquearon a 800 mts de la cima. “Alea jacta est”, ahora solo hacía falta esperar al amanecer… A Whymper y sus 6 compañeros les separaba una mayor distancia que al equipo de Carrel, pero al encontrarse la arista sin apenas nieve, pudieron por fin alcanzar la cumbre después de 10 horas de ascensión, pero aún tenían la incertidumbre de saber si habían sido los primeros. Por ese motivo Whymper recorrió la corta y aérea arista que enlaza las dos puntas de la montaña, para asomarse hacia la arista del Leone, donde vio que Carrel y sus dos compañeros empezaban a escalar la arista pasado el pico Tyndall.
Carrel que se había entretenido más de lo previsto en esa travesía del Pico Tyndall debido al tallaje de escalones en el hielo, también vislumbró a Whymper desde la lejanía, asumió su fracaso y decidió darse la vuelta. Por su parte Whymper estaba triste, por no poder compartir ese momento de plenitud con su guía predilecto, con una persona que llevaba toda la vida soñando como él por alcanzar la cumbre del Cervino.
La actitud del inglés una vez más fue impoluta, todo lo contrario de sus guías suizos y franceses que lo acompañaron hasta la cima, los cuales se mofaron de sus compañeros italianos que habían fracasado. Pero en esos momentos de euforia aún desconocían lo que les deparaba el descenso…

Como en todas las montañas la cumbre sólo significa la mitad del trayecto, y en el Cervino a veces ni tan solo eso, puesto que destrepar por una arista normalmente es más lento, peligroso y difícil que ascender por ella. Justo al poco de iniciar el descenso, y en mitad de la niebla al grupo de Whymper se les apareció delante suyo el espectro de brocken (un espectro de montaña que proyecta al observador dentro de un círculo), y la leyenda cuenta que vieron tres cruces funestas en mitad del halo de niebla, como una señal inequívoca de un peligro inminente. Sea realidad o ficción este suceso, el caso que un par de horas más tarde, en un despiste del joven de 19 años Hudson, de repente, se inició la tragedia... Su tropiezo arrastra a Croz, el experimentado guía francés que no puede detener la caída y se lleva con ellos al otro joven inglés y al reverendo Hudson, precipitándose los cuatro pared abajo. Whymper y los Taugwalder, encordados a la vez con ellos, se preparan para lo peor, pero de repente la cuerda se rompe y ellos tres sobreviven.
Esa tragedia magnificó la primera ascensión al Cervino y dejó unas heridas imborrables: al propio Whymper se le acusó de haber cortado la cuerda para salvarse, el señor Taugwalder se volvió demente y tuvo que ser ingresado en un hospital psiquiátrico donde pereció años más tarde, y su hijo jamás quiso volver a Whymper en su vida, acusándolo de responsable único de la tragedia. Por su parte, Carrel y su equipo volvieron tan sólo tres días más tarde, el 18 de julio de 1865 para apuntarse la segunda ascensión a la montaña y la primera por la vertiente italiana, que injustamente quedó relegada al olvido, puesto que en esa época que no existían las cuerdas fijas, su ruta era más complicada y vertical que por la que ascendió Whymper.
Whymper salió victorioso del Cervino y no regresó jamás a Zermatt. Justo unos meses después se encontró la famosa cuerda rota (expuesta en la actualidad en el museo de Zermatt) que lo exoneraba de cualquier responsabilidad y continuó ascendiendo cumbres por el mundo.
Sin ir más lejos, 14 años después junto con su hermano Luis y su viejo amigo Carrel, con el cual nunca perdió la amistad, alcanzaron la cumbre virgen del Chimborazo, de 6.263 mts en el Ecuador. Por su parte Carrel, ascendió una veintena de veces más al Cervino guiando a sus clientes, la montaña de su vida. Tanto es así, que en al año 1.891 estaba guiando a un grupo por la escarpada cara sur cuando les atrapó la tormenta y tuvieron que descender. Carrel llevó al grupo a terreno seguro, y al cruzar la rimaya y dejas atrás el peligro, sucumbió y murió de agotamiento. Tenía 61 años, una edad para la época muy avanzada para trabajar y mucho más aún de guía. Pereció donde más intensamente había vivido, que no era otro lugar que en la montaña que lo vio crecer.
Otras primeras ascensiones del Cervino
Y después de esas dos primeras ascensiones, vinieron las terceras, las cuartas, y otras tantas primeras, como la primera femenina, la primera por la arista Zmutt y por la arista Furggen, las primeras de cada una de sus cuatro caras y una infinidad de posteriores ascensiones. El Cervino se popularizó y con el paso del tiempo se democratizó tanto, que los guías suizos e italianos equiparon con escaleras y cuerdas fijas las partes más técnicas de ambas aristas para facilitar el acceso al mayor número de clientes. Y desde entonces, la montaña se volvió viral y cada vez la ascendieron más personas de todo el mundo.
En el Cervino se han producido auténticas hazañas del alpinismo, y cada nueva generación ha ido dejando su huella en alguna de sus vertientes, ya que la montaña de las montañas siempre ha sido y será el epicentro de la actividad alpina por antonomasia, compartiendo esa condición con el Mont Blanc. Todos los alpinistas que se precien como tal, tarde o temprano intentarán escalarlo, aunque sea desde objetivos e inquietudes distintas. Enumerarlas toda seria tarea imposible, pues las ha habido de todos los gustos y colores. Pero creo que existen tres ascensiones que no podemos obviar por su belleza y determinación, actividades todas ellas que marcaron un antes y un después en los anales del alpinismo.
Primerera ascensión cara norte Cervino
Por antigüedad, empezamos por la primera ascensión de la inhóspita cara norte por parte de los hermanos Schmidt en el año 1.935. Fue el primer “gran problema” de los Alpes, junto las temibles caras nortes del Eiger y de las Grandes Jorasses en ser vencido, y por su estilo y audacia merece todos los respetos. Después de que dicha pared hubiese “tumbado” a los mejores especialistas alpinos, dos jóvenes imberbes partieron en bicicleta desde su casa en Munich y con todo el material necesario a cuestas, con el claro objetivo de vencer esa temible pared.
Al llegar al refugio del Hörnli unas semanas después y explicarles su objetivo al guarda, este se pensó que ambos estaban locos. Y se equivocó. Tras 12 horas de escalada, lograron conquistar dicha pared en su primera visita al Cervino. Se ganaron el respeto de toda la comunidad alpina.
Como anécdota destacar que volvieron a su casa de la misma manera que habían venido, ¡en bicicleta! Realmente, una gran hazaña por su sencillez y determinación.
El segundo reto fue justo treinta años más tarde y en la misma pared norte, uno de los mayores alpinistas de la historia, sino el mejor, Walter Bonatti, puso fin a su carrera firmando un nuevo itinerario muy audaz por la mitad de la cara norte. Tenía 35 años y logró todos los objetivos que otros alpinistas de su generación solo podían soñar, pero la fama le había sobrepasado y quería desaparecer de la escena pública. Lo hizo de la manera más elegante posible, con una primera ascensión en la cara norte del Cervino, por un nuevo itinerario, durante el riguroso invierno y en solitario, lo que nadie antes ni había intentado ni logrado. Fue un cuádruple reto que consiguió después de tres largas jornadas. Y luego jamás regreso al alpinismo, ahí se acabó su legado… Respeto absoluto para el alpinista que en esas laderas se convirtió en mito.
En sus propias palabras :
“Después de las grandes montañas, un ancho mundo me espera”.
La primera repeticón fué femenina- Catherine Destivelle
Como detalle, destacar que tuvieron que pasar más de treinta años para que alguien osará repetir tal hazaña, y lo consiguió precisamente una mujer, en solitario y en invierno también, la grandiosa Catherine Destivelle!
Las 4 aristas del cervino en el día
Y el último reto sucedió en el año 1.992 cuando Hans Kammerlander ideó un plan tan osado como romántico: escalar el Cervino cuatro veces en la misma jornada, por cada una de sus cuatro aristas (Hörnli, Furggen, Lion y Zmutt). El discreto compañero de los ochomiles del famoso Reinhold Messner, se unió ese día a Diego Wellig, para poner un broche a una montaña que ya había subido más de un centenar de veces por todos los sitios posibles, e incluso bajando esquiando por un par de sus caras.
Pero le faltaba el plan que el mismísimo Leonardo da Vinci hubiera soñado por su geometría y su belleza, recorrer las cuatro aristas de esa perfecta pirámide sin repetir el camino ninguna vez. Fue un logró avanzado a su época, como los dos anteriores. Tanto es así que hasta el año 2.018 no se repitió por parte de una cordada de guías italianos, Andreas Steind y François Cazanelli que se dieron las gracias mutuamente “por este día tan loco”!
Cervino: Pasión
Escalar el Cervino actualmente
Ya inmersos en pleno siglo XXI el Cervino continúa siendo una montaña de referencia y un sueño de todo aquel que se haga llamar alpinista.
Si el trono de la montaña más alta de Europa es propiedad del Mont Blanc, discutida a veces, con el Elbrus, a la pirámide suizo-italiana nadie le discute el trono de la montaña más bella.
Lógicamente, ser el centro de atención por parte de turistas que se conforman con observarla desde un lujoso hotel en el exclusivo pueblo de Zermatt, como por parte una infinidad de alpinistas que sueñan en pisar su cumbre, por lo menos una vez en su vida, hace que el Cervino pocas veces se sienta solo. El silencio, la soledad o el reposo le pertenecen a alguna sus cumbres cercanas, montañas qué por su proximidad con el rey de los Alpes, siempre quedaran a la sombra.
Y todas ellas son montañas bellas y escarpadas, pero les falta esa perfección geométrica para salir del anonimato orográfico. Picos como el Zinalrorthorn, el Weishörn o sir ir más lejos, la Dent d’Herens, con el que apenas le separan del Cervino un centenar de metros por una afilada arista, serian las montañas más codiciadas en cualquier otro lugar, pero en Suiza tienen que conformarse con ser un cuatromil más…
Y este hecho se repite en otros lugares del mundo, donde existen montañas muy bellas como por ejemplo el Ama Dablam, Alpamayo, Aconcagua o el Monte Fujiyama que se convierten en centros de peregrinaje por parte de la comunidad alpina. Por no citar cualquiera de los ochomiles, lógicamente encabezados por el Everest, donde ya hace muchos años que el sentido de la exploración y la aventura se perdió, para convertirse en parques temáticos donde los egos y las medallas se reparten en partes iguales, eso sí, siempre envueltas en una burbuja de oxigeno y una cuerda fija que nos faciliten la entrega.
Entonces es necesario preguntarse si en el Cervino aún está permitido soñar…?
La respuesta no es nada evidente, puesto que para experimentar la aventura y la incerteza hay que reinventarse, sólo o en compañía. De la misma manera que en los ochomiles fuera de las rutas normales y de las cortas temporadas de cumbre, el desafío sigue intacto, en el Cervino la opción es parecida.
Hay que considerar una serie de evidencias, antes incluso de plantearse la cumbre, tales como que no estaremos solos si la meteorología es buena, ni que iremos abriendo un camino virgen hacia su punto más alto, ni que tendremos el refugio para nosotros solos… Aceptadas estas obviedades, y sólo entonces, será cuando podamos disfrutar de nuestra propia aventura si somos capaces de ir un poco a contracorriente de la gran masa.
Tenemos que plantearnos pequeños giros en el guion establecido. Eso pasa por abandonar la ruta más concurrida, y por tanto más estresante y peligrosa por el tráfico que conlleva, que no es otra que la arista Hörnli. En cualquiera de las otras aristas estaremos más tranquilos, y si apostamos por cualquiera de sus caras hallaremos la soledad. Otro paso importante sería ir fuera de los dos meses de verano, julio y agosto, donde se producen el 90% de los ascensos; obviamente para ello tendríamos que asumir un mayor reto al estar el Cervino mucho más innivado.
Si no estamos preparados para ello, solo nos queda acceder por la otra ruta “normal”, la arista Lion donde desde su refugio libre podemos alterar el horario establecido por la organización, cosa no permitida por parte de la rígida tradición suiza y sus guías, en la otra vertiente. Solo con ese pequeño cambio, intentaríamos pasar por sitios sin apenas gente, antes de que unas horas más tarde, a veces ni eso, sean más frecuentados…

Predisposición mental para escalar el Cervino
Al Cervino tendríamos que ir con una mentalidad romántica y abierta, impregnándonos de cada pequeño paso, de cada metro que subamos, de cada piedra que toquemos, pues bien podría ser que esos instantes fueran únicos en nuestra vida, y por tanto irrepetibles. Y si en algún momento de la ascensión, coincidimos con más gente y nos tenemos que esperar o hay que dejar pasar a una cordada más audaz, no hay que inquietarse lo más mínimo, pues estaremos en el mejor lugar para hacer una breve pausa y dedicarnos a contemplar el paisaje. Es más, desde esa magnífica atalaya a nuestros pies deberíamos imaginarnos a Carrel, Whymper y Tyndall 160 años atrás, mirando hacia ese punto indómito en el cielo, y plantearnos como ellos hicieron, que misterio y que panorámica esconderá ese idílico vértice de 4.478 metros.
Existe acaso un momento más mágico en una ascensión que imaginar como será aquello por lo que tanto hemos soñado?








